¿Debemos poner normas y límites a nuestros hijos?

Cada vez que he tenido ocasión de reunirme con un grupo de padres, ha surgido el tema de los límites y las normas. Independientemente del tema que se fuera a tratar, siempre surgía algún padre con la necesidad de hablar acerca de sus dificultades para imponer límites y normas a sus hijos.

Esta es la razón por la que he creído conveniente compartir algunas ideas acerca de qué es una norma o porque debemos poner límites a nuestros hijos. Tener esto claro ayudará a cada miembro de la familia a saber cuál debe ser su papel dentro de ella. Pero vayamos por partes.

Qué son los límites y las normas

La mejor manera de saber de que hablamos es llamar a cada cosa por su nombre. Entendemos por norma una instrucción clara y directa sobre un comportamiento que queremos modificar, ya sea para aumentarlo, para disminuirlo o para eliminarlo.

Toda norma supone unos límites , es decir un “tope” que nos indica hasta donde podemos llegar con un comportamiento concreto.

Por qué son necesarios

Imaginemos que conducimos nuestro coche por una ciudad en la que no existieran normas de circulación. Tendríamos muchas posibilidades de hacerlo mal, porque no sabríamos cómo hacerlo bien.

•  La existencia de normas familiares ayuda a los niños a saber qué se espera de ellos. Es más probable que un niño tenga el comportamiento que esperamos de él, cuando conoce qué es lo que debe hacer.

•  Proporcionan seguridad y confianza. Ante un semáforo en rojo no tenemos dudas de cuál ha de ser nuestro comportamiento y podemos prever cuál será el del resto de peatones y vehículos. Saber qué se espera de nosotros nos ofrece la posibilidad de hacerlo y de recibir a cambio la compensación por la conducta adecuada. Nada provoca mayor inseguridad que no saber cómo debemos comportarnos.

•  Las normas ayudan a los niños a autorregularse. Cuando son pequeños asumen las normas impuestas por los padres. A medida que se hacen mayores van siendo capaces de internalizar esas normas y cumplirlas sin necesidad de supervisión. Con ello estamos contribuyendo a que nuestros hijos sean cada vez más autónomos.

•  Y, posiblemente, uno de los mayores beneficios que podemos obtener de las normas y los límites es que nos preparan para vivir en sociedad. Haber aprendido desde pequeños que no siempre se puede obtener lo que se quiere (capacidad para tolerar la frustración), en el momento que se quiere (capacidad para demorar la gratificación), nos evitará muchos disgustos en la edad adulta y posibilitará que nos convirtamos en personas más felices.

En próximos encuentros abordaremos qué tipos de normas deben existir en nuestra familia, si unas normas tienen más valor que otras o qué podemos hacer para que esas normas se cumplan.

Y recuerden que nadie dijo que educar fuera fácil, lo que sí puede llegar a ser es la tarea más gratificante del mundo. ¡Ánimo!

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